Democracia #1: Mayorías vs minorías

5th Oct 2017

Este es el primero de una serie de textos sobre la democracia que analizan distintos ejes del tema desde una perspectiva filosófica y personal

Introducción

Cuando pensamos en democracia creo que casi todos pensamos en unas elecciones, con todo lo que implica: Urnas, votos, dedos entintados, y sobre todo muchas matemáticas, cuentas, gráficos de torta, gráficos de barra, en resumen, estadísticas. ¿En qué se resumen estas estadísticas? Hay una frase hecha muy buena: "La ciudadanía ha hablado" y se dice cuando una mayoría se impone sobre la minoría.

Mayorías y minorías. Esto es clave en el análisis de la democracia desde los tiempos de la Antigua Grecia. Platón y Aristóteles cuestionan la democracia, en tanto genera un espacio en el cual las mayorías actúan como una tiranía, como un grupo de personas que no reflexiona y que es susceptible a la adulación.

Sócrates según Platón estaba particularmente preocupado de que un Estado democrático fuera a la vez injusto con quienes no comulgasen con él.

Y los que han sido de estos pocos que hemos enumerado y han gustado el regocijo y la felicidad de tal posesión, pueden percibir suficientemente la locura de la muchedumbre, así como que no hay nada sano —por así decirlo— en la actividad política, y que no cuentan con ningún aliado con el cual puedan acudir en socorro de las causas justas y conservar la vida, sino que, como un hombre que ha caído entre fieras, no están dispuestos a unírseles en el daño ni son capaces de hacer frente a su furia salvaje, y que, antes de prestar algún servicio al Estado o a los amigos, han de perecer sin resultar de provecho para sí mismos o para los demás. Quien reflexiona sobre todas estas cosas se queda quieto y se ocupa tan sólo de sus propias cosas, como alguien que se coloca junto a un muro en medio de una tormenta para protegerse del polvo y de la lluvia que trae el viento; y, mirando a los demás desbordados por la inmoralidad, se da por contento con que de algún modo él pueda estar limpio de injusticia y sacrilegios a través de su vida aquí abajo y abandonarla favorablemente dispuesto y alegre y con una bella esperanza. (496 d, República)

Aquí Sócrates habla de la fuerza de la mayoría, explicando por qué él no participaba de la vida política de Atenas pero la manera en que nos lo explica no sólo se puede aplicar a mayorías electorales sino con mucha más razón a la cultura organizacional misma del Estado. Es decir, al estar envuelto en un ambiente netamente político, un intelectual no puede hacer nada porque de no seguir a la corriente será devorado por las "fieras".

Así por ejemplo, si votamos por un presidente que nos parece honesto y bien intencionado, no basta con esto puesto que hay una multitud que presiona por llevar a cabo determinadas acciones y no otras que por ejemplo, apuntan al interés personal o corporativo, más allá de que éstas sean justas o no. Si bien en la Atenas de la antigüedad no existía un presidente, ya el Sócrates de Platón nos advierte de esta dinámica. Y hoy esa dinámica la podemos ejemplificar en la existencia de dos grupos:

  • Partidos políticos en el poder
  • Movimientos sociales

Los partidos políticos tienen el propósito de alcanzar el poder y hacer algo con el poder una vez obtenido. Definen posturas acerca de determinados temas. Sin embargo, los partidos también tienen dinámicas que generan efectos contraintuitivos tales como la "caza de cargos", los operadores políticos que administran estos cargos una vez que el partido se encuentra en el poder. Esto lo cuenta de una manera bien cruda Max Weber en "La política como vocación" cuando habla de la burocratización de la política.

Está claro que la militancia del partido, sobre todo los funcionarios y empresarios del mismo, esperan obtener una retribución personal del triunfo de su jefe, ya sea en cargos o en privilegios de otro tipo.

Y por supuesto recomiendo leer todo el ensayo para entender el contexto ya que habla del desarrollo de la política como profesión. El punto es que esta militancia enfocada en el poder por medio de los cargos es aquella que motiva todas las decisiones. El político busca agradar a las masas para que le voten y cuando llega al poder toma decisiones administrativas para llevar a los cargos al poder y, como bien decía Maquiavelo mantener "contento al pueblo" de manera de mantener la propia reputación. Es decir, se cumplen ciertas promesas en la medida que éstas sean visibles pero se gobierna en función de los financistas y de las dinámicas partidarias más que cualquier otra consideración. Esto ha hecho que actualmente varios países de Latinoamérica tengan crisis partidarias tales que los candidatos presidenciales prefieran esconder su militancia o no tener una militancia debido al desprestigio asociado a los partidos.

Aristóteles decía lo siguiente respecto a los tipos de gobierno (con énfasis míos):

«De los gobiernos unipersonales solemos llamar monarquía al que vela por el bien común; al gobierno de pocos, pero de más de uno, aristocracia (bien porque gobiernan los mejores (áristoi) o bien porque lo hacen atendiendo a lo mejor (áriston) para la ciudad y para los que forman su comunidad); y cuando la mayoría gobierna mirando por el bien común, recibe el nombre común a todos los regímenes políticos: república (politeía) [...]. Desviaciones de los citados son: la tiranía, de la monarquía, la oligarquía, de la aristocracia y la democracia, de la república. La tiranía, en efecto, es una monarquía orientada al interés del monarca, la oligarquía, al de los ricos y la democracia, al interés de los pobres. Pero ninguna de ellas presta atención a lo que conviene a la comunidad» (Aristóteles, Política, 1279a-1279b, Editorial Gredos).

Aristóteles recogía algo muy importante hoy en día que quizás no era tema antes de las democracias representativas como lo es ahora y es el tema de la legitimidad. Para Aristóteles´evidentemente la legitimidad no la da la mayoría sino que ésta se encuentra dada por lo que llama "bien común", esto es, el bienestar o florecimiento de la comunidad. En otras palabras, si un gobierno apunta al bienestar de la comunidad en vez de meramente el suyo propio es una república, si no una mera democracia o demagogia donde se llega al poder por medio de la adulación.

El pueblo también a veces hace de monarca; y por esto el adulador merece una alta estimación, lo mismo de la multitud que del tirano. Al lado del pueblo se encuentra el demagogo, que es para él un verdadero adulador; al lado del tirano se encuentran viles cortesanos, que no hacen otra cosa que adular perpetuamente. Y así la tiranía sólo quiere a los malvados, precisamente porque gusta de la adulación, y no hay corazón libre que se preste a esta bajeza. El hombre de bien sabe amar, pero no adula. (Aristóteles, Política, Libro V, 1314a, Patricio de Azcárate)

El pueblo, en efecto, también quiere ser un monarca. Por eso el adulador es honrado en ambos regímenes: en las democracias el demagogo (el demagogo es el adulador del pueblo), y entre los tiranos los que se comportan con ellos de manera humillante, lo cual es obra de la adulación. De hecho, por esto la tiranía es amiga de los malos pues les agrada ser adulados, y esto nadie que tenga un libre espíritu noble podría hacerlo, sino que las personas nobles aman o en todo caso no adulan. (Aristóteles, Política, Libro V, 1314a, Editorial Gredos)

Esto es crucial si uno considera cómo es que los políticos llegan al poder y se puede entender aún como una crítica válida en la actualidad esta advertencia contra los aduladores. Estamos hablando de aduladores del pueblo. Un adulador no es más que alguien que le dice a la masa lo que quiere escuchar. Y si la política partidaria se trata de adular y la adulación, como dice Aristóteles es deseada, quien no lo haga será rechazado y será minoría. La pregunta cínica que uno se hace es ¿cómo llegas al poder si no?

Aquí me detengo para decir algo respecto a las sociedades actuales. La ciencia y la cobertura educativa han avanzado muchísimo desde entonces, y aunque no es perfecta porque no todos comprenden lo que leen o es capaz de seguir un argumento lógico, el estado de la sociedad es el de unas culturas mucho más preparadas para entender razones y es por esto que hoy hablamos más de política que nuestros antepasados del siglo XIX. Esto me hace pensar que, no obstante lo anterior y más allá de que los seres humanos somos susceptibles a caer en nuestros propios sesgos cognitivos, podemos hacer política de una manera tal que no requiera el uso de las viejas herramientas partidarias basadas en la demagogia.

Con el uso de la demagogia quiero ser bastante claro en el hecho de que ésta puede constatarse empíricamente en la campaña de cualquier candidato. No es que la demagogia sea un instrumento que utilicen algunos políticos con malas intenciones, ya que como digo, si no le dices al pueblo lo que quiere escuchar, no te va a elegir. Por lo tanto, la demagogia es generalizada y más aún parece estar inevitablemente unida a la democracia representativa.

Derechos civiles, protección de las minorías.

Si hay algo que distingue fuertemente a la sociedad ateniense de la actual, además de que su democracia es más participativa que la corriente, es la concepción de la libertad.

No existe una sola concepción de la libertad (aquí es interesante la enumeración que hace Peter Levine). Para los griegos existen tres ideas de libertad.

  • Eleutheria ἐλευθερία: Libertad positiva (para hacer algo si uno lo desea)
  • Isegoría ἰσηγορία: Libertad negativa (para no ser impedido de hacer algo)
  • Parrhesia παρρησία: (que si bien se refiere a la libertad de expresarse con franqueza algunos asocian con la libertad individual) Leer el análisis de Foucault

Uno de los problemas que tenía el Sócrates de Platón y Aristóteles como vimos arriba es que no había un concepto de la protección de aquel que no estaba de acuerdo con la opinión mayoritaria. Al punto que Sócrates muere enjuiciado por pensar de una manera distinta a la esperada en su sociedad a pesar de ser moralmente probo y no cometer ningún delito evidente. Con Sócrates y su demonio empezamos a vislumbrar la idea de la conciencia autónoma desligada del resto de la sociedad. Para Sócrates su demonio le permite distinguir entre correcto e incorrecto.

Este tema vuelve a surgir con Locke como un defensor de la libertad de conciencia, la cual él entendía como actuar de acuerdo a la ley natural impresa en nosotros. El hombre se debe a la ley natural y por lo tanto, debe obedecerla hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, la concepción de Locke todavía era demasiado cerrada precisamente por la idea de la ley natural que tiene un matiz religioso muy fuerte. La idea de la ley natural está directamente relacionada con las creencias de Locke por lo tanto, si la religión de una persona contradecía la ley natural en la cual la sociedad inglesa creía, ésta no debía ser tolerada. Además la existencia de religiones opuestas se veía en la época como un obstáculo directo para la paz.

Locke entiende la libertad de esta manera:

So, however much people may get this wrong, what law is for is not to abolish or restrain freedom but to preserve and enlarge it; for in all the states of created beings who are capable of laws, where there is no law there is no freedom. Liberty is freedom from restraint and violence by others; and this can’t be had where there is no law. This freedom is not—as some say it is—a freedom for every man to do whatever he wants to do (for who could be free if every other man’s whims might dominate him?); rather, it is a freedom to dispose in any way he wants of his person, his actions, his possessions, and his whole property—not to be subject in any of this to the arbitrary will of anyone else but freely to follow his own will, all within whatever limits are set by the laws that he is under. (Locke, Paragraph 57, Second Treatise on Civil Government)

Es decir Locke entiende la libertad como una libertad negativa, de no ser impedido de hacer algo y para ésto la ley es muy útil porque evita que las voluntades contradictorias de los seres humanos colisionen entre sí.

Si bien Locke no tolera a ciertas religiones en base al argumento de la ley natural esta definición de libertad da pie a la definición moderna de libertades civiles (o sociales como las llamaría también Stuart Mill) que tenemos hoy y que se relaciona íntimamente con la concepción actual que tenemos de democracia.

En el siglo XVIII, los ilustrados en la Asamblea Nacional Constituyente realizan la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la cual inspira a muchas constituciones y también a la actual Declaración de los Derechos Humanos. Ésta incluye artículos sobre la libertad.

I - Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo podrán fundarse en la utilidad pública.

II - La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del Hombre. Esos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

IV - La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás Miembros de la Sociedad el disfrute de estos mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la Ley.

V - La Ley sólo tiene derecho a prohibir las acciones perjudiciales a la Sociedad. Lo que no está prohibido por la Ley no puede ser impedido. Nadie puede ser obligado a aquello que la Ley no ordena.

VII - Ningún hombre puede ser acusado, arrestado ni mantenido en confinamiento excepto en los casos determinados por la Ley y de acuerdo con las formas por ésta prescritas. Todo aquél que solicite, emita, ejecute o haga que sean ejecutadas órdenes arbitrarias, debe ser castigado, y todo Ciudadano requerido o aprehendido en virtud de la Ley debe obedecer inmediatamente, y se hace culpable si ofrece resistencia.

IX - Todo hombre es considerado inocente hasta que ha sido declarado convicto. Siempre que su detención se haga indispensable, la Ley ha de reprimir con severidad cualquier rigor que no sea indispensable para asegurar su persona.

X - Nadie debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aún por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la Ley.

XI - Puesto que la libre comunicación de los pensamientos y opiniones es uno de los más valiosos derechos del Hombre, todo Ciudadano puede hablar, escribir y publicar libremente, teniendo en cuenta que es responsable de los abusos de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

(Texto original completo Texto completo en castellano)

Así es como la Carta de Derechos de los Estados Unidos los establece también. No se trata de derechos positivos sino de derechos negativos, a no ser impedido de:

  • Expresar una opinión, etc
  • Portar armas, formar una milicia, etc.

Y cuando son derechos a no ser objeto de un determinado trato arbitrario se denominan "protecciones".

  • No alojar militares forzosamente
  • No recibir registros ni incautaciones sin motivo
  • No autoincriminarse ni ser procesado ilegalmente
  • No recibir la imposición de una fianza o un castigo insoportable
  • Entre otros

(Texto original completo)

John Stuart Mill a su vez en la ilustración tardía dirá que la libertad de conciencia debía ser la más absoluta dado que no afecta a nadie más que a él mismo, por lo que no podía ser limitada.

liberty of thought and feeling; absolute freedom of opinion and sentiment on all subjects, practical or speculative, scientific, moral, or theological. It comprises, first, the inward domain of consciousness; demanding liberty of conscience in the most comprehensive sense; liberty of thought and feeling; absolute freedom of opinion and sentiment on all subjects, practical or speculative, scientific, moral, or theological. The liberty of expressing and publishing opinions may seem to fall under a different principle, since it belongs to that part of the conduct of an individual which concerns other people; but, being almost of as much importance as the liberty of thought itself, and resting in great part on the same reasons, is practically inseparable from it. Secondly, the principle requires liberty of tastes and pursuits; of framing the plan of our life to suit our own character; of doing as we like, subject to such consequences as may follow: without impediment from our fellow creatures, so long as what we do does not harm them, even though they should think our conduct foolish, perverse, or wrong. Thirdly, from this liberty of each individual, follows the liberty, within the same limits, of combination among individuals; freedom to unite, for any purpose not involving harm to others: the persons combining being supposed to be of full age, and not forced or deceived.

No society in which these liberties are not, on the whole, respected, is free, whatever may be its form of government; and none is completely free in which they do not exist absolute and unqualified. The only freedom which deserves the name, is that of pursuing our own good in our own way, so long as we do not attempt to deprive others of theirs, or impede their efforts to obtain it. (Stuart Mill, Chapter 1, On Liberty)

Hay algo importante que decir acerca de Stuart Mill y es que él estaba convencido de que la sociedad debía ser tolerante a ideas divergentes e ideas que contradijesen a la mayoría porque nos permite acercarnos a la verdad.

But the peculiar evil of silencing the expression of an opinion is, that it is robbing the human race; posterity as well as the existing generation; those who dissent from the opinion, still more than those who hold it. If the opinion is right, they are deprived of the opportunity of exchanging error for truth: if wrong, they lose, what is almost as great a benefit, the clearer perception and livelier impression of truth, produced by its collision with error. [...] We can never be sure that the opinion we are endeavouring to stifle is a false opinion; and if we were sure, stifling it would be an evil still. (Stuart Mill, Chapter 2, On Liberty)

Y es sólo en este punto, la modernidad que es posible hablar de protección de las minorías con cierta claridad. Entre medio muchas sociedades hasta el día de hoy lucharon por la separación de la iglesia nacional del Estado o del respeto de la libertad de culto. Sin embargo, las creencias a diferencia de la era anterior dejan de ser "incuestionables". Por otro lado, dejamos de contar con certezas quedándonos con el último remanente potente de la verdad asentada: la religión. Y la ley natural ya no se toma en cuenta.

El estado de derecho es en el mundo contemporáneo el espacio que permite realizar estos cuestionamientos gracias, no a sí misma, sino a las garantías constitucionales que protegen las libertades civiles o negativas. Por lo tanto, no se puede entender a la democracia actual como tal si ésta no protege de coacción arbitraria (i.e. sin una causa razonable) a las minorías. Hoy tendemos a equiparar estado de derecho con democracia porque un gobierno donde se persigue el bien común normalmente tiene un estado de derecho y por ende, debido a esta evolución filosófica de la sociedad protege a las minorías a través de derechos civiles.

La pugna entre la mayoría y la minoría

Como había sugerido al principio existen varias mayorías y minorías en la vida social. La más destacada en democracias es la mayoría electoral.

La mayoría electoral es en democracia un grupo de personas que escoge la opción ganadora, es quien se impone al resto en su elección. En la democracia moderna un grupo debe prevalecer imponiéndose al resto. No se eligen medidas ni programas electorales sino personas determinadas para ocupar cargos o bien, listas pero el principio es el mismo. Otra característica de la mayoría electoral es que es transitoria. Esto da lugar a la idea de la alternancia en el poder.

Cuando no hay alternancia en el poder en mucho tiempo normalmente la gente en el exterior se pregunta si lo que hay en ese país es en efecto una democracia o si quiera una república con estado de derecho. Al mismo tiempo la alternancia en sí misma no tiene más valor que la seña que entrega de que las libertades civiles son respetadas.

Como podemos extraer de las ideas de Weber y de Aristóteles en los textos anteriormente señalados, la democracia no necesariamente apunta al bien común y en el caso de los partidos es bien patente. Esta mayoría digamos político partidaria se constituye en poder político y muchas veces su objetivo es preservar su propio poder. Weber distingue entre el político que vive para la política y aquel que vive de la política. Una contradicción que no nos salva de un aprieto:

La diferencia entre el vivir para y el vivir de se sitúa entonces en un nivel mucho más grosero, en el nivel económico. Vive de la política como profesión quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos; vive para la política quien no se halla en este caso. Para que alguien pueda vivir para la política en este sentido económico, y siempre que se trate de un régimen basado en la propiedad privada, tienen que darse ciertos supuestos, muy triviales, si ustedes quieren: en condiciones normales, quien así viva ha de ser económicamente independiente de los ingresos que la política pueda proporcionarle. (Weber, La Política como vocación)

Es decir, la necesidad económica condiciona todo el proceso, incluso en el caso de aquellos que buscan entrar honestamente al terreno político. Y esto por sí mismo justifica la pugna por el poder por encima (o debajo) del cliché del "debate de ideas" que en muchos casos no pasa de un cruce de consignas entre candidatos. No es la intención de esta exposición alimentar una visión determinada cínica respecto a la vida política pero tampoco es conveniente dejar pasar que los partidos políticos son responsables de grupos humanos importantes que están unidos por necesidades básicas como las de conseguir un trabajo y esto hace que para un partido político sea muy relevante tener candidatos por más que éstos no sean los adecuados intelectualmente. Al poder hay que llegar como sea si se trata de vivir de la política. Max Weber también advierte lo siguiente en el caso de los otros.

La dirección de un Estado o de un Partido por gentes que, en el sentido económico, viven para la política y no de la política, significa necesariamente un reclutamiento plutocrático de las capas políticamente dirigentes. Esta afirmación no implica, naturalmente, su inversa. El que tal dirección plutocrática exista no significa que el grupo políticamente dominante no trate también de vivir de la política y no acostumbre a utilizar también su dominación política para sus intereses económicos privados. Nuestra afirmación significa simplemente que los políticos profesionales de esta clase no están obligados a buscar una remuneración por su trabajo político, cosa que, en cambio, deben hacer quienes carecen de medios. (Weber, La política como vocación)

Y esto nos lleva a otro tipo de mayorías y minorías. La relación entre las mayorías y minorías socioeconómicas. Es decir, la minoría plutocrática o burguesa si se quiere, es la que representa forzosamente los asuntos políticos porque el resto simplemente no se lo puede permitir, dado que requieren dinero para subsistir. Y Weber advierte que el hecho de que tengan recursos económicos que les permitan vivir para la política no es ninguna garantía de que no quieran vivir también de ella.

Esto es un poco paradójico porque si en lo electoral se impone necesariamente la mayoría, en lo socioeconómico se impone basado en Weber, necesariamente la minoría.

Esto en Latinoamérica se ve mucho, con grupos de todas las tendencias que claramente demuestran una infrarrepresentación de estratos socioeconómicos bajos, lo cual considerando que también tiene una carga étnica en muchos casos se hace mucho más evidente a la vista. Por lo que en un país donde existe una minoría caucásica de origen español y una mayoría indígena se dan casos en que la mayoría indígena jamás ha gobernado ni participado del poder.

Para Karl Marx esto sería muy importante porque revela una contradicción que puede achacarse al propio capitalismo. El poder de la minoría sobre la mayoría revela una relación de dominio y subordinación entre dos grupos, la cual se puede expresar también como una pugna.

Para entender esta pugna sería necesario entender la relación entre el trabajador y el capitalista que anteriormente fue la relación entre el vasallo y el señor feudal, pero ahí la diferencia es que el señor feudal encarnaba todo el poder que él podía ver, mientras que en la relación laboral capitalista el poder oficial se encuentra más allá, en el Estado que teóricamente media entre ellos. Pero para Marx la burguesía (o sea, los capitalistas) y el Estado son prácticamente la misma cosa, lo cual coincide con nuestras conclusiones sobre Weber.

A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político. Clase oprimida bajo el mando de los señores feudales, la burguesía forma en la “comuna” una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza en repúblicas municipales independientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías; en la época de la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo. Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa. La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. (Karl Marx, Manifiesto Comunista, Cap I. Burgueses y proletarios)

Por lo tanto, no sólo hay una conexión Burguesía-Estado sino un desencadenamiento de hechos que llevan a esta clase social a alcanzar el punto en que se encuentra a lo largo de la historia.

La diferencia que hay entre la mayoría electoral y la mayoría socioeconómica es que la socioeconómica no está destinada a ser una mayoría temporal, sino que su condición depende más de las circunstancias que del tiempo en sí mismo. En el marxismo las relaciones económicas por definición son desiguales (entre el capitalista y el trabajador).

Es una relación física entre cosas físicas. Por el contrario, la forma de mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo en que dicha forma [89] se representa, no tienen absolutamente nada que ver con la naturaleza física de los mismos ni con las relaciones, propias de cosas, que se derivan de tal naturaleza. Lo que aquí adopta, para los hombres,la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos. (Karl Marx, Capital vol. I., Cap. I La mercancía, 4. El carácter fetichista de la mercancía y su secreto)

Básicamente en toda transacción dineraria hay trabajo objetivado (ya que el dinero para Marx es mercancía) y por ende, en ella también está expresada la opresión de la minoría sobre la mayoría. Quizás es por eso que según algunos teóricos no hay una teoría del poder en específico en Marx porque simplemente el capitalismo en sí mismo y a través de sus contradicciones es suficientemente claro.

Como un buen ejemplo de esto tenemos a los accionistas y a las sociedades anónimas. Quienes cuentan con más acciones tienen más influencia en las decisiones e incluso pueden llegar a nombrar un director, pero no es la libre reunión de accionistas lo que genera mayorías sino la posesión de acciones, lo cual es un factor meramente monetario. Así, una minoría cuantitativa puede ser mayoría económicamente hablando y viceversa. El dinero iguala ya que se convierte en parámetro y al mismo tiempo genera desigualdad (por las dinámicas del capitalismo).

Hoy en día las leyes en muchos países occidentales reglamentan la financiación de la política lo que genera más transparencia y ciertas oportunidades para actores menos acomodados de poder participar en política. No obstante aquello, empíricamente se puede seguir constatando que el grueso del debate político sigue en la plutocracia, y entre los burócratas que viven de la política.

Existe todavía otra pugna más que se da entre las minorías identitarias como se las da en llamar. Hablamos de minorías de género, minorías sexuales, minorías indígenas, minorías raciales, minorías lingüísticas, minorías de capacidades, etc. En otras palabras, son minorías a las que se pertenece generalmente sin elegirlo, las cuales se ven a sí mismas como en desventaja por el hecho de ser. Ellos no pueden cambiar pero exigen ser tratados con el mismo respeto que un ciudadano de la mayoría.

No se puede hablar de las minorías indígenas en general pero en el continente americano el patrón es semejante y los indígenas (que a la llegada de los españoles eran la mayoría siempre) fueron forzados a trabajar por el conquistador español de turno (mejor armado o más astuto) a veces hasta la muerte. En el mejor de los casos son forzados a abandonar su cultura en parte o totalmente. Ninguno de los países latinoamericanos supo resolver su relación con los indígenas una vez que llegó la independencia. Más aún, en algunos casos la independencia llevó a la ocupación de nuevos territorios lo cual motivó al genocidio de ciertas étnias. En otras latitudes como Norteamérica u Oceanía sí hubo ciertos acuerdos que prosperaron de mejor manera, pero siempre hay roces. Las etnias autóctonas terminaron siendo visitas en su propia tierra.

Durante la colonia, Bartolomé de las Casas escribe las siguientes conclusiones sobre la conquista de América.

“La primera, que todas las guerras que llamaron conquistas fueron y son injustísimas y de propios tiranos. La segunda, que todos los reinos y señoríos de la Indias tenemos usurpados. La tercera, que las encomiendas y repartimientos de indios son iniquísimos, y de per se malos, y así tiránicos, y la tal gobernación tiránica. La cuarta, que todos los que las dan pecan mortalmente, y los que las tienen están siempre en pecado mortal, y si no las dejan, no se podrán salvar. La quinta, que el Rey, nuestro señor, que Dios prospere y guarde, con todo cuanto poder Dios le dio, no puede justificar las guerras y robos hechos a estas gentes, ni los dichos repartimientos o encomiendas, más que justificar las guerras y robos que hacen en los turcos al pueblo cristiano. La sexta, que todo cuanto oro y plata, perlas y otras riquezas que han venido a España, y en las Indias se trata entre nuestros españoles, muy poquito sacado, es todo robado. Digo poquito sacado, por lo que sea quizá de las islas y partes que ya hemos despoblado. La séptima, que si no lo restituyen los que lo han robado y hoy roban por conquistas y por repartimientos o encomiendas y los que de ello participan, no podrán salvarse. La octava, que las gentes naturales de todas las partes y cualquiera dellas donde habemos entrado en las Indias, tiene derecho adquirido de hacernos guerra justísima y traernos de la haz de la tierra, y este derecho les durará hasta el día del Juicio” (Vida y obras. OC. 1, 383)

El testimonio de Bartolomé de las Casas más allá de su exactitud o no, que es algo controversial es uno que se da en el momento en que los hechos están ocurriendo. Muestra como los pueblos precolombinos en su diversidad pasan de dominadores del medio a dominados por el conquistador. Y esto distingue a Latinoamérica de otras regiones porque desde entonces se generan diferencias de trato entre la minoría controladora y la mayoría indígena o mestiza que proviene de este encuentro forzoso y violento entre dos culturas en cada país.

En la democracia latinoamericana esto se traduce en que hay una divergencia entre la igualdad legal y filosófica entre los hombres y el trato, en otras palabras, la realización práctica de esa igualdad social manteniendo la idea de una mayoría oprimida y una minoría opresora.

La lucha de las mujeres en tanto, es paradigmática porque en lo cuantitativo no son minoría sino que lo son en términos de poder. Las mujeres y el feminismo, lo que busca es, en general, la igualdad de derechos (o si se quiere, de libertades) entre hombres y mujeres. Primero con obras aisladas escritas por intelectuales desde finales del siglo XVIII partiendo por Mary Wollstonecraft y sus reivindicaciones tendientes a buscar una igualdad de derechos a través de la educación y del acceso al trabajo.

In the government of the physical world—·as distinct from the governments of the social or political world·—it is observable that the female is, so far as strength is concerned, inferior to the male. This is the law of nature; and it doesn’t seem to be suspended or repealed in favour of woman. This physical superiority can’t be denied—and it is a noble privilege! But men, not content with this natural pre-eminence, try to sink us lower still, so as to make us merely alluring objects for a moment; (Mary Wollstonecraft, Vindication of the Rights of Woman, Introduction, p. 6)

(Texto original)

De aquí concluímos que existen los elementos para singularizar a la mujer y que éstos, sin embargo, se han vuelto en contra de ella creando para ellas un rol en sociedad que es bastante limitado. Como dice Wollstonecraft, hasta convertirlas en objetos llamativos.

En tanto, en Francia los Derechos del Hombre y el Ciudadano citados antes no incluían en igualdad de condiciones a las mujeres.

Esto demuestra que la mujer es un sujeto social definido pero al mismo tiempo es un rol definido. La diferencia entre un rol y un mero sujeto es que el rol nos indica qué se espera que haga el sujeto. Estos movimientos feministas, incluídas las sufragettes y otros se revelan contra el rol pero no contra su singularización. De hecho, se piensan desde la base de su "femineidad" más que desde su condición de personas. De ahí luego surgiría en el siglo XX la idea de que la mujer es un sujeto equiparable al proletariado en una reinterpretación del Marxismo. La mujer es una clase y como tal, se pertenece a ella forzosamente y existe en directa oposición a otra que es la de los hombres (como clase, no como individuos) que hacen las veces de burgués. Por supuesto, no todo el feminismo actual parte de este supuesto pero es una visión muy influyente que aún perdura.

Resumiendo, la mujer tiene un rol asignado en sociedad y se rebela contra él (con mayor o menor intensidad) porque ese rol la oprime limitando su libertad. Pero como en la lucha de clases, no todos los trabajadores tienen conciencia de clase, tampoco todas las mujeres tienen conciencia feminista. Ahí supongo que se genera la sensación de minoría también (sin serlo cuantitativamente).

De aquí surge otra cara del mismo problema. Las minorías sexuales que sí son cuantitativamente minoritarios ya que el número de individuos que son homosexuales o bisexuales o quienes creen que no tienen el género que les corresponde son una pequeña fracción de la sociedad pero el Estado de derecho moderno precisamente establece una equidad entre todos los individuos, la igualdad ante la ley. La pugna en este caso es importante para la democracia moderna porque se da entre la consideración equitativa de todos ante el Estado y la sociedad (lo que los griegos veíamos antes llaman isegoría) y la moral.

Ante todo los Estados occidentales basan su moralidad en el cristianismo y la ilustración. Hay una amalgama de valores compartidos que provienen de ambas fuentes que incluso se pueden contradecir. La síntesis parece ser la ley y las costumbres pero en la práctica la pugna continúa incluso cuando la ley dice algo aparentemente claro.

El problema es que la ley no surge producto del consenso sino de las mayorías representativas que surgen de las mayorías electorales que, a su vez surgen en general de minorías económicas (de quienes viven para y de la política). Por lo tanto, en la ley no hay ninguna síntesis efectiva de los principios que se enfrentan en sociedad sino que es meramente una forma de resolver conflictos. Así ocurre que en muchos países parejas homosexuales hayan intentado casarse sin éxito a pesar de que existe un principio de igualdad ante la ley o que personas trans no reciban el trato esperado en un hospital o en el registro civil.

En general, de toda esta pugna lo que constatamos es que entre las mayorías y las minorías hay una dicotomía entre los valores democráticos y los valores tradicionales como si nunca hubiésemos acabado de salir de la ilustración.

Conclusión

En lo que llamamos democracia que es en realidad un gobierno representativo con estado de derecho, tenemos mayorías y minorías de distinto tipo que se relacionan entre ellas. Esta relación aparentemente sólo cuantitativa se traduce siempre en una relación de poder.

Las mayorías son temidas porque son susceptibles a la adulación y a la vez son intolerantes al disenso. Sin embargo, el progreso del pensamiento que ha llevado a su vez a un cambio de circunstancias ha permitido que nazca algo que durante la Antigua Grecia y la Europa feudal no se pudiera plantear que es el Estado de derecho en el cual las minorías y las mayorías pueden convivir.

En tanto a nivel político las fuerzas sociales pugnan entre sí, tanto a nivel electoral como a nivel socioeconómico generando un quiebre que parece perpetuar desigualdades al dejar a la política al margen de la mayoría de la población que no puede permitirse vivir para la política (en el sentido de Weber) y, al mismo tiempo, vive en las condiciones sociales más desventajosas por lo cual no puede defenderse en igualdad de condiciones.

En este contexto y debido también a las condiciones que entrega el sistema representativo es que surge también la inevitable relación entre votantes y políticos a través de la demagogia (adular al pueblo diciéndole lo que quiere oír).

Hoy sin embargo, gracias precisamente a los valores ilustrados contamos en los países con las garantías constitucionales que protegen las libertades civiles, lo cual nos puede permitir superar en parte las inquietudes de Platón y Aristóteles respecto a la democracia. Hoy podemos pensar un sistema representativo o participativo donde haya respeto por las minorías y no sólo por las mayorías. Quizás también podemos pensar a futuro en una democracia sin demagogia o donde ésta no tenga un rol preponderante. Tanto para defendernos de las mayorías como para enfrentarnos a ellas.

Y a su vez la existencia de las libertades civiles y del Estado de derecho que permite confiar en que se van a cumplir da paso a la revelación a partir de la ilustración de una serie de minorías de distinto tipo (de poder o cuantitativas) que exigen constantemente el respeto de estos nuevos principios ilustrados pero que se enfrentan a la dicotomía de estos valores modernos con los de la moral (la religión, las costumbres).

Existe una pugna de mayorías y minorías que es multidimensional porque son varios tipos y también distintos grupos pero todos confluyen en la política. Si bien el gobierno que avisoraban los ilustrados o los pensamientos de Mill podía lidiar con esto en teoría, en la práctica se ha tornado mucho más complicado precisamente por esa contradicción entre los valores modernos y los morales, pero también por la gravedad inevitable de la mayoría que es algo que todavía no está resuelto y quizás nunca lo esté.

Sería iluso simplemente pensar que todas las mayorías tienen poder, porque la experiencia ilustrada aquí demuestra que las mayorías cuantitativas no necesariamente contienen poder en sí mismas. Son los balances de poder los que verdaderamente importan.

Una democracia que sea digna de existir debería tener una correspondencia entre mayorías cuantitativas y poder, en la medida en que respete el disenso y a quienes no se conforman culturalmente con ella. A la vez, respondiendo a los platonistas esta democracia debe preocuparse por educar a estas mayorías de tal forma que puedan ejercer el poder de una manera benéfica para el conjunto de sus habitantes (no para el aprovechamientno individual ni para las mayorías mismas) y al margen de la demagogia. La pregunta que queda para más adelante es ¿cómo?

Queda pendiente cuestionar y criticar la legitimidad de los sistemas de gobierno.