La objetividad según Maturana

24th Mar 2017

Humberto Maturana es un científico y pensador chileno, quizás el más relevante aún hoy que creó el concepto de autopoiesis para definir lo que es un ser viviente. A partir de lo que ha observado también habla de su punto de vista respecto a la realidad y a la relación de los seres humanos entre sí, en especial cuando nos relacionamos a través del lenguaje.

El libro se llama La argumentación: Un argumento para obligar ISBN 9789567802319. He estado leyendo de filosofía y uno de los temas que me llama la atención es el de la teoría del conocimiento, por ejemplo, el tema de la objetividad. ¿Se puede ser objetivo? ¿Hay una realidad objetiva a la que nos podamos referir todos y apuntar? Este libro habla del tema y sólo tiene 150 páginas pero cuenta con mucha información al respecto. No es un libro demasiado liviano, más bien es un libro denso y lleno de conceptos por lo que un resumen no está mal.

Resumir el libro bien está fuera de mi alcance pero de todas maneras quiero explicar algunas ideas básicas de él por si no quieren leérselo, pero no me tomen muy en serio porque es mi interpretación del libro y puedo equivocarme.

Primero en "La ontología del explicar" aborda el tema de la argumentación y nos explica que hay dos caminos distintos para hacer una afirmación. Uno es el tradicional concepto de realidad absoluta, que Maturana llama "objetividad trascendental" u "objetividad sin paréntesis", es decir, cuando uno dice que "lo lógico es que hagamos esto", "Lo que te digo es lo racional". El otro es el concepto de la "objetividad constitutiva" u "objetividad entre paréntesis" en el cual el observador parte de la premisa de que al seres vivientes somos falibles a ser engañados por nuestras percepciones pero además la premisa de que intersectamos distintos dominios (o conjunto) de realidad por lo que algo que parece cierto en un dominio no tiene por qué serlo en otro. Según Maturana en otra entrevista no se trata de relativismo sino de una actitud diferente.

Luego habla de la "realidad" ("Realidad: Una proposición explicativa")y comienza a desarrollar el tema. Él postula que somos nosotros los que dibujamos la realidad porque es a través del lenguaje que la definimos. Los seres humanos vivimos en el lenguaje. Otro punto que menciona es que en la cultura occidental exaltamos demasiado a la racionalidad y nos olvidamos de lo importante que son las emociones (eso es súper Nietzscheano y él reconoce que se ha inspirado en él en entrevistas que le han hecho). Como seres humanos nos movemos por distintas realidades (dominios de realidad, por ejemplo, las matemáticas, la física, la filosofía, en la manera en que nosotros los entendemos) y cada persona tiene los suyos.

Las personas somos en realidad sistemas estructuralmente definidos que sólo cambiamos (sea de idea, físicamente, lo que sea) por medio de un proceso interno. Por lo tanto, para ser convencido de algo tú tienes que terminar apropiándote de lo que te están diciendo y reformular una explicación del tema de tal forma que calce con tu dominio de realidad, en otras palabras uno no puede ser "forzado" a entender algo. Si queremos convencer a alguien de nuestro punto de vista, tenemos que "seducirlo" para que adopte nuestra explicación en su propio dominio de realidad.

Lo otro que es interesante es que el lenguaje o el acto de lenguajear (le encanta ese concepto, no lo explica en este libro así que hay que buscarlo, quiere decir la distinción empleando el lenguaje junto con las emociones que permiten llegar a tal) es un proceso biológico que está gatillado por la interacción con otros seres humanos a través del cual ambos van "coordinando acciones". El lenguaje para Maturana no es un conjunto de palabras que apuntan a objetos reales sino al revés, los objetos son definidos por el lenguaje.

Lenguaje y lenguajear from Nicolás Pineda Viviani on Vimeo.

También explica en esta parte que los seres humanos nos movemos por la emotividad: Son las emociones las que nos disponen a hacer todo lo que hacemos, no la razón. Es la emocionalidad la que nos permite mantener por ejemplo, una conversación y por supuesto, terminarla. A su vez hay una recursión, porque en el caso de la conversación pero en general en todo lo que hacemos, eso que hacemos afecta a nuestras emociones y vuelta a empezar. Después empieza a explicar qué es una conversación y lo que implica, también la influencia del sistema nervioso (es biólogo, esto nunca se le habría ocurrido a un filósofo puro) porque los seres vivos somos entidades compuestas (sistema de sistemas) y el lenguaje está influenciado por el sistema nervioso y viceversa.

La autoconciencia sólo es posible en el lenguaje porque el lenguaje nos permite (y esto es bien importante) definir una cosa y distinguir una cosa de otra. La epigénesis implica que el lenguaje aparece no como un componente prearmado sino que surge como una necesidad de adaptación al medio y por tanto, no es algo cuadrado o fijo que viene dado de afuera (tomen grammar nazis).

En "La ontología del conocer" Maturana habla del observador y sus interacciones. Él dice que en primer lugar, cuando alguien dice "Yo sé " está afirmando también que sabe cómo actuar dentro de un dominio, entonces si yo digo "Yo sé que esto es así" estoy arrogándome el conocimiento privilegiado de una realidad objetiva que en realidad no tengo. Después comienza a hablar de los dominios cognitivos. Vivimos en comunidades cognitivas que tienen un criterio de aceptación para ser parte de ellas. Pertenecemos a varias de ellas aunque entre sí no tengan nada que ver pero todos esos dominios cognitivos (las matemáticas, la historia, la biología, la filosofía, etc) intersectan en mi corporalidad, entonces tendríamos que ser cuidadosos respecto a no mezclar afirmaciones válidas de un dominio a otros. Bajo la objetividad trascendental uno podría llegar a la conclusión de que lo mismo es válido para todo o que todo debe ser absolutamente coherente. Ahora cada dominio cognitivo es un dominio de racionalidad (la racionalidad es coherencia) pero nos movemos de un dominio a otro por medio de las emociones, entonces ahí debemos tener ojo porque la racionalidad la entendemos normalmente (en la objetividad trascendental o sin paréntesis) como algo inmutable pero nosotros mismos no lo somos y eso influirá nuestras conclusiones. El cuerpo y la mente se influyen el uno al otro recursivamente.

Al final habla de "lo social y lo ético". Él distingue sistemas sociales de los no sociales. Para Maturana los sistemas sociales son comunidades (el trabajo, la familia, el voluntariado, las amistades, el club de lectura, etc) en las cuales juega un rol la emoción del amor que él define como la emoción que nos lleva a aceptar al otro y ellos a nosotros. Y en esos sistemas hay redes de conversaciones (o sea, nos relacionamos por medio del lenguaje) y tenemos una identidad. Por ejemplo, en un club de lectura ser lector es lo que identifica a sus miembros. Cuando se acaba la identidad de clase o el amor, el sistema también muere. Hay sistemas no-sociales como el laboral, por ejemplo, donde la diferencia es que el amor no juega un rol sino otros factores como la coordinación de acciones (yo te voy a pagar, tú vas a hacer tal cosa por mi pero no me interesa conocerte integralmente ni generar afecto).

Esos sistemas sociales son dominios de coexistencia que al igual que como decía más arriba con los dominios de realidad, estos dominios entre sí no tienen nada que ver pero intersectan en nosotros por lo que estos sí son afectados por lo que nos pasa en los otros (lo que nos pasa en la familia nos afecta en el trabajo, etc). A esa intersección que es nuestra corporalidad también la llama Maturana (al menos aquí) "ego". Entonces nuestros dominios de coexistencia influyen en nosotros y nosotros cambiamos a medida que participamos en las redes de conversaciones de cada una. Las comunidades también van cambiando porque sus partes constitutivas (las personas) cambian, por ejemplo, con la inmigración o cuando la gente que viaja mucho llega con ideas distintas a las que solemos tener en nuestra cultura. Entonces tanto las personas como las comunidades (sociales o no) van cambiando estructuralmente por esas influencias.

Sobre la ética dice Maturana que ésta tiene que ver con la emocionalidad si bien empleamos la razón para solucionar contradicciones que podemos llegar a tener. Las emociones son el fundamento de la ética pero va encauzadas por la cultura también. Fundamentalmente la empatía es la emoción fundamental que empuja nuestro actuar ético. Él dice algo bien interesante que es que nuestros problemas no provienen de nuestra biología sino que de nuestras justificaciones racionales (básicamente podemos justificar cualquier cosa, bien decían algunos filósofos de mediados del siglo XX como Adorno o Arendt que el holocausto judío no fue un acto irracional, sino algo completamente racional, planificado cuidadosamente y coherente con las creencias del partido nacional socialista). También afirma que la ética no es en ningún caso universal y se vive de manera distinta en cada sistema social. Tampoco controlamos nuestros intereses éticos, sino que surgen de la emocionalidad y de ahí los aplicamos a nuestra autoconciencia. La empatía es clave.

Para Maturana, la cultura occidental está (ciencia incluída) demasiado sumergida en el pensamiento objetivo trascendental. La importancia de entender nuestras emociones y su efecto así como de una realidad no universal así como los distintos puntos de vista no es sólo un asunto de ser buenos y tolerantes sino que ayuda a comprender el mundo de una forma más constructiva y acorde con la experiencia.