Democracia #3: "Ni democracia deliberativa ni representativa" Democracia

9th Nov 2018

Me interesa mucho la historia y he estado leyendo un libro sobre historia de Chile y otro sobre historia de Cataluña (podría ser la historia de cualquier nación europea). Las dos historias aparentemente no tienen nada que ver. Una es la historia de un pueblo surgido de la conquista de otros tantos (los incas, los diaguitas, los mapuches) por parte de unos cazafortunas, surgiendo una nueva sociedad casi de nuevo. La otra es la historia de un pueblo muy antiguo con un pasado glorioso y una identidad que tiene continuidad al menos desde hace más de ochocientos a mil años. Ambas historias sin embargo, arrojan luces respecto al sentido de la política y las dinámicas que ahí se generan.

Como he comentado en otros escritos soy crítico del uso que hacemos del concepto "democracia". Utilizamos la palabra democracia sin demasiado cuidado. Leer la historia de pueblos europeos muestra la dinámica que tienen pueblos en los cuales se desarrolló el feudalismo. La Corona de Aragón por ejemplo, gobernada por los condes de Barcelona tenía el problema de todos los reyes respecto de sus territorios: Había que "luchar" constantemente contra los señores feudales para hacer prácticamente cualquier cosa (por ejemplo, ir a la guerra). Un señor feudal es simplemente el dueño de un castillo y de unas tierras que le pertenecían por herencia y que defendía un territorio sobre el cual tenía la prerrogativa. Lo defendía gracias al vasallaje, él no podía por sí solo defender el territorio, pero en un feudo el señor entrega unas tierras a cambio de parte de las cosechas y, lo más importante es que estos vasallos debían tomar las armas en su nombre. No existía el concepto de política actual o siquiera el de un gran imperio. El solo hecho de gobernar un gran territorio era prácticamente imposible.

Es sólo cuando los reyes comienzan a ganar poder al ganar guerras, al comerciar y obtener dinero para financiar ejércitos que pueden forzar a los señores a obedecer y alcanzar una situación negociadora más favorable. A partir de entonces se podía negociar con los señores e incluso imponerles obligaciones más allá de prestar tropas (obligación original que no necesariamente obedecían), aceptar ciertas normas. Para administrar esa pugna surgieron las Cortes. Las cortes no son más que "protoparlamentos" donde los señores envían representantes para acordar normas y se reunían ocasionalmente. Poco o nada tiene que ver esto con "el pueblo". Este tipo de política duraría siglos hasta evolucionar en las monarquías parlamentarias europeas modernas. [1]

Pero la historia de una república joven también es fascinante y muy descriptiva. La historia de Chile enseña muchas cosas que para una persona del siglo XXI son bien impresionantes y nos permiten apreciar la época en que vivimos, incluso políticamente hablando. Primero nos enseña que la sociedad es muy estratificada socialemente (hay mucha diferencia entre la situación de un rico y la de un pobre, incluso en sus objetivos vitales), asunto que viene de la Colonia. Un segundo aspecto que es bien interesante para tener en cuenta es que la política del siglo XIX era básicamente una cosa de la élite al punto que sólo entrada la segunda mitad del siglo XIX surge algo parecido al nacionalismo popular al que estamos más acostumbrados ahora, en un contexto en que las decisiones sólo se tomaban a nivel de élite (había que ser hombre y tener propiedades para tener derecho a votar).

Algo ocurre a finales del siglo XIX y principios del XX. Hay mucha corrupción, hay cohecho electoral, hay guerra civil en el 91 y pasa un tiempo y la gente común sale a las calles y la "cuestión social" surge como un problema real. Para justificar esto y para poder decidir de manera algo más pacífica las diferencias entre la propia élite, el sufragio universal ayuda bastante. Es sólo en este momento (ya entrado el siglo XX) en que los políticos comienzan a hablarle al pueblo llano. Es en cierto sentido una forma de legitimar sus posturas. La economía en el Chile del siglo XIX era semicapitalista y semifeudal. Había empresas privadas pero la vida en el campo y la relación inquilino/patrón era lo dominante, aunque la economía aristocrática estaba en franca decadencia y eso termina motivando una masiva migración campo/ciudad que dura hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. [2]

A lo que voy con esta reflexión es que las cortes del rey no son muy distintas a los parlamentos modernos, y la faceta comunicativa política no parece ser más que una fachada de aparente representatividad para administrar las pugnas entre los gremios (los señores feudales modernos) y el Estado (el viejo rey). La diferencia es que para representar a esos señores burgueses tienes que ofrecer algo que sea popular pues esa popularidad legitima tu postura y da estabilidad a un posible gobierno. El pueblo en tanto, puede pedir, puede reclamar e incluso puede delegar en alguno de estos oferentes algo, a cambio de una sensación de seguridad, pero NO gobierna y no lo hace porque no tiene control respecto de sus presuntos representantes una vez son electos. Tampoco es que un cargo electo realmente pueda representar fielmente los intereses de miles de personas. (En Chile es común incluso hoy que un candidato no lo sea por el distrito en el que reside, lo que lo hace todavía peor).

La pregunta es: ¿Puede un gobierno ser democrático? Para eso el pueblo debe tener participación en los asuntos públicos y como ya he dicho antes, la participación que hoy parece tener sólo parece tener el objetivo de legitimar un proceso al montar una presunta delegación de poder en un representante, que, como digo, no es tal.

He planteado que un gobierno podría ser democrático si sus ciudadanos están implicados en el gobierno de algún modo real, incidente y no meramente estético. La llamada "democracia deliberativa" o "democracia participativa" (la última me parece una frase atroz teniendo en cuenta el significado de democracia). El problema es que una democracia (gobierno del pueblo) deja de serlo si el pueblo no delibera (si no hay decisiones que tomar) y es menos democrático un gobierno donde el pueblo no participa activamente. Por lo tanto, incluso el utilizar apellidos me parece engañoso.

"¿Francisco, estás proponiendo un gobierno popular? Eso no funcionaría por A, B y C." Esto es un planteamiento muy atendible pero yo todavía no he propuesto nada. El problema de la mal llamada democracia (esa, la "representativa") es que se nos ha vendido como la democracia por antonomasia y, por lo tanto, pocas innovaciones ha habido en este modelo o al menos en la orientación que este tiene. Hay culturas como la suiza donde la concepción de la democracia es distinta, pero aún así son modelos que no trascienden. Como no quiero dejar cabos sueltos quiero aquí explicar cuál es mi propuesta a grandes rasgos.

Max Weber explicaba a principios del siglo XX que las personas que participan en política son aquellas que pueden permitirse no tener que trabajar y las que se ven obligadas a hacerlo, deben vivir del Estado. Es un poco obvio pero tiene implicancias nefastas. El que vive de la política acaba dependiendo de ella como un trabajo y puede no preocuparse de las finalidades que le llevan allí, el que vive para la política aspira a influir en los demás, posiblemente para cuidar intereses personales. Estos dos sentidos de un político no son excluyentes, dice Weber que opina que el sentido ideal de la política es administrar imparcialmente el poder para gestionar un territorio racionalmente. [3]

Del texto de Weber, que de todas maneras leí hace un tiempo, se desprende que no cualquiera puede efectivamente gobernar directamente pues se requiere una serie de requisitos para poder ser un político. El pueblo por lo tanto, no puede gobernar directamente. Generalmente es por esta lógica, tanto porque los ciduadanos somos muchos como por el hecho de que no estamos ni preparados ni tenemos los recursos para ingresar se considera que no podemos tener otra cosa sino una "democracia representativa". Mi posición es que el problema es cómo miramos a la metodología de gobierno.

Miremos el ejemplo de una empresa, una sociedad anónima es masiva y sirve de ejemplo ya que tiene muchos dueños. Una empresa se organiza en una parte operativa, una parte administrativa y una tercera parte que consiste en la supervisación de los objetivos. La parte operativa la manejan los empleados y los jefes de menor rango, la administrativa la llevan los gerentes y la supervisión la lleva el directorio. El directorio es un consejo que representa a los dueños de la empresa y supervisa la administración que hacen los gerentes de la empresa para que genere réditos en la forma de utilidades que puedan transformarse en un aumento del capital y, por supuesto, en dividendos que puedan repartirse. Pues bien, incluso el directorio es supervisado a su vez por algo llamado "junta de accionistas" donde de acuerdo a la posesión de acciones se vota al directorio y se monitorea el comportamiento de la empresa y del propio directorio, así como ciertas decisiones que éste no toma por los accionistas.

Sé que a algunas personas no les gusta utilizar una empresa para ejemplificar lo que debería ser la política pero no pretendo que un país funcione como un espejo de la empresa (las sociedades anónimas votan pero no son exactamente democracias). Lo que me interesa que se aprecie es la dinámica. Existen unos interesados fundadores que plantean objetivos (ganar dinero) y luego existen unas personas destinadas al cumplimiento de estos objetivos, que trabaja todo el día en esa dirección. Pero es que además estos directores y los gerentes que los directores nombran, ambos son cercanos y representan realmente el interés de quienes les votan, sobre todo cuando los que les nombran tienen una gran participación. Aquel que se convierte en director o aquel que es nombrado gerente general se preocupa de hacer lo que se le pide. No promete nada, simplemente hace lo que se le ordena que haga.

Lamentablemente en la "democracia representativa" los "representantes" no están bajo control de los "accionistas interesados". En vez de eso, cual vendedor, te prometen cosas a cambio de que les hagas tu "representante" (que les votes). No hay un sentido de responsabilidad ni de respeto (ese temor al jefe) por quien te ha nombrado porque no respondes realmente ante él. Esta persona se preocupará más de responder al partido o a quien le ha financiado la campaña y a veces, ni eso porque por unos años tienes un trabajo asegurado. Creo que ese engaño en el mal llamdo "Occidente" no se ha superado. ¿Qué hacer? En primer lugar dejo claro que mi propuesta no es La verdad, es sólo una postura más entre muchas posibles.

Etienne Chouard propuso imitando a los griegos, la idea del sorteo. Que cada ciudadano disponible se presente, sea examinado y luego un sorteo defina si va a resultar parte del gobierno. No hay elecciones, no hay demagogia. Puede haber algunos problemas con este método pero ciertamente con algunas correcciones puede llegar a aplicarse. Lo que es claro, es que la noción de democracia que expongo, lejos de ser una de populismo apunta a la responsabilidad social del individuo para con su entorno. Y esa postura de la democracia como responsabilidad queda cubierta en el modelo de Chouard. [4]

A mi parecer los gobiernos actuales tienen grandes aspectos positivos como es el desarrollo de una burocracia que proporciona funcionarios que dedican su tiempo a hacer funcionar al país en los aspectos técnico administrativo, pero los funcionarios políticos (electos) también tienen un aspecto positivo que en realidad son dos: Uno es que dedican su tiempo completo a la política (volviendo a Weber) cosa que un ciudadano común y corriente no puede hacer ya que tiene otras tareas cotidianas. El otro punto es que el político plantea un objetivo o meta a la cual conducir los recursos burocráticos, es decir, gobierna con una dirección (al menos en teoría).

Un sistema verdaderamente democrático debe lograr dos cosas al menos: Permitir el control y fiscalización de la acción política a quienes han votado, de tal manera que el voto no resulte en un cheque en blanco. Y dar una voz al ciudadano independiente de su representante y de los medios de comunicación en el ámbito político. Por lo tanto, en este sistema sigue existiendo el político, el partido político y el burócrata, sin embargo, son fiscalizados y en cierto modo dirigidos por la ciudadanía (no sólo por el poder judicial si cometen algún delito).

Un problema de la concepción de la "democracia participativa" es que sigue poniendo al ciudadano debajo del político como un mero solicitante de asistencia. En esta concepción que he descrito, el ciudadano o al menos el conjunto de la ciudadanía se representa a sí misma como soberana y puede ordenar, sancionar o retirar de su cargo a un político electo. Debe quedar claro que estos consejos no dependen de un alcalde o de un municipio o provincia, son soberanos y por lo tanto, no dependen de la convocatoria del cargo electo de la región.

A estos consejos donde se reúne la ciudadanía a realizar esta función de manera directa los he llamado en ocasiones "cabildos", pero no tienen que ser masivos, a veces puede ser bueno preferir una metodología donde se reunan pequeños grupos y las votaciones de haberlas se debatan y se sumen. Es muy importante señalar que en estos cabildos a diferencia del sistema de elecciones, la persona no llega a ser un sujeto pasivo que sólo recibe información y vota, sino que manifiesta su opinión, sus inquietudes y problemas y luego procede a votar algo si es que existe y sólo previa discusión y estando seguros de que se ha entendido lo que se está votando o discutiendo.

¿Es esto posible o una utopía? No me parece para nada utópico en su implementación y funcionamiento. No es para nada imposible plantear este escenario y tampoco se prestaría (implementado de esta forma o una equivalentemente razonable) para "populismos" ya que es la gente la que manifiesta sus necesidades y luego fiscaliza que todo salga bien. Un cabildo tampoco discrimina ni debe hacerlo entre obrero, profesional o empresario. Puede que sí lo sea desde el punto de vista del poder, quiero decir, que quizás para la clase política/burocrática esto no sería muy buena idea en tanto, estas personas actúan en función de intereses no realmente democráticos. Aún asi, tiendo a pensar que hay mucha gente en política que es honesta y que realmente cree en la función pública como una forma de actuar en pro del bien común y que podrían compartir este énfasis.

[1]: El primer libro que leí fueron las primeras páginas de "La Formació d'una identitat: Una história de Catalunya". http://amzn.eu/d/6HHH8Gu En Goodreads

[2]: El libro de historia de Chile que estaba leyendo era "Breve historia de Chile" de Alfredo Sepúlveda. http://amzn.eu/d/fjaN9Yd En Goodreads

[3]: El libro se llama "El político y el científico" y el ensayo en específico se llama "La política como vocación". Se puede leer aquí. http://www.hacer.org/pdf/WEBER.pdf (es el primero)

[4]: Una exposición de Etienne Chouard explicando el sentido de la democracia griega y cómo se puede aplicar en el mundo contemporáneo. https://www.youtube.com/watch?v=5hm5j_l8uhU